¿Qué aspectos de nuestra identidad dejamos de lado cuando vivimos respondiendo a expectativas externas? ¿Qué implica recuperar una relación más consciente con aquello que consideramos esencial? Estas preguntas articulan mi práctica artística.
Me interesa explorar cómo las estructuras que definen la vida contemporánea influyen en la construcción de la identidad y en la manera en que definimos aquello que tiene valor. Investigo las tensiones entre seguridad y libertad, adaptación e identidad, productividad y sentido, entendiendo la autenticidad no como un estado fijo, sino como un proceso continuo de construcción que requiere revisar nuestros valores, decisiones y formas de habitar el mundo.
Estas inquietudes dialogan con La ética de la autenticidad de Charles Taylor, quien plantea que la autenticidad implica una construcción ética del individuo en relación con su contexto y la rescata de una interpretación asociada únicamente al individualismo. También dialogan con las reflexiones de Byung-Chul Han sobre las dinámicas de rendimiento y autoexigencia que caracterizan la sociedad contemporánea.
Mi interés surge de una experiencia personal marcada por la observación de cómo los ideales de éxito y fortaleza condicionan la forma en que construimos nuestra identidad y nuestras prioridades. Como mujer, también me interesa profundizar en elementos tradicionalmente asociados con la identidad femenina: la intuición, la sensibilidad, lo doméstico; que con frecuencia han sido relegadas frente a modelos de reconocimiento basados en la productividad o la fuerza. No busco establecer estas categorías como opuestas, sino preguntarme qué ocurre cuando la dimensión femenina cede como respuesta a expectativas ajenas.
Desarrollo estas ideas principalmente a través de la pintura, entendiendo el proceso como un espacio donde conviven el control y la transformación. La superposición de capas, la materia y las formas orgánicas no responden únicamente a decisiones formales, sino que hacen visible el diálogo constante entre adaptación y autenticidad, una tensión que entiendo como parte permanente de la construcción de la identidad.
En la serie Energía Vital (2025), por ejemplo, utilizo la espiral como un elemento recurrente. Presente en distintas culturas desde la prehistoria hasta tradiciones celtas y mesoamericanas, la espiral ha simbolizado procesos de transformación, continuidad y crecimiento. La recurrencia de este motivo también dialoga con artistas como Hilma af Klint, quien utilizó formas espirales y sistemas de crecimiento para representar procesos de evolución y transformación. En mi trabajo, la espiral funciona como una estructura visual que alude a la identidad como un proceso en constante construcción y movimiento.
En la serie Magnolios (2017), tomo la flor de magnolia como punto de partida para reflexionar sobre aspectos de la experiencia tradicionalmente asociados con lo femenino. Presente en distintas tradiciones simbólicas desde referentes de Asia oriental hasta la floriografía victoriana y el imaginario del sur de Estados Unidos, la magnolia ha sido asociada fortaleza, dignidad, perseverancia y delicadeza. La magnolia me permite explorar la relación entre vulnerabilidad y fuerza, crecimiento y transformación, presencia femenina y sistemas de valor que históricamente han tendido a privilegiar ciertas cualidades sobre otras. A través de capas de color, formas orgánicas y composiciones en movimiento, la serie propone una atención renovada hacia dimensiones de la experiencia que con frecuencia permanecen invisibles o subestimadas.
A través de la pintura, busco crear un espacio de reflexión sobre las formas en que construimos sentido, definimos aquello que tiene valor y damos forma a nuestras vidas. Me interesa especialmente aquello que ocurre cuando revisamos las expectativas que nos han definido y nos preguntamos qué queremos conservar, transformar o desarrollar.